La razón por la que dicen que el alma pesa 21 gramos

Pamela Rodríguez Ordaz

Para muchísimas personas, la existencia del alma no se pone en duda, esa chispa vital que nos hace caminar en esta tierra, que se nutre y transiente es, para millones, innegable, sin embargo, existen muchísimas dudas alrededor de ella, una de las cuales es el peso que tiene, pero hoy te revelaremos la razón por la que dicen que el alma pesa 21 gramos.

Aunque hay muchísimas religiones alrededor del mundo, muchas de ellas comparten la misma creencia: El alma existe, incluso aquellos lejos de la religión pueden creer en algo parecido al alma, al espíritu, sin embargo, la ciencia no ha podido demostrar que esto existe.

Cada cultura le da un toque diferente a lo que significa el alma, a dónde va, de dónde viene, cómo se ve y cómo se manifiesta, pero uno de los mitos más populares es el que dice que el alma pesa y, de hecho, es muy específico al indicar que pesa 21 gramos.

Hasta el momento, esa teoría no se ha confirmado | Fuente: Unsplash

La razón por la que dicen que el alma pesa 21 gramos 

De acuerdo con la RAE, el alma, en algunas religiones y culturas, es la sustancia espiritual e inmortal de los seres humanos.

Mucho se dice y especula sobre ella, pero el médico Duncan MacDougall, nacido en Glasgow, Escocia en 1866, fue quien un día se preguntó que, si las personas tenemos alma, ésta debe ocupar algún espacio, y como todo, debe tener un peso.

“Puesto que… la sustancia considerada en nuestra hipótesis está vinculada orgánicamente con el cuerpo hasta que se produce la muerte, me parece más razonable pensar que debe ser alguna forma de materia gravitacional y, por tanto, capaz de ser detectada en el momento de la muerte pesando a un ser humano en el acto de morir”, se puede leer en un artículo que el doctor escribió en 1907.

Para comprobar su teoría, MacDougall comenzó a estudiar a pacientes con tuberculosis en fase terminal; adaptó una báscula en las camas de los enfermos, mismos que mueren en cama, pues es una enfermedad que causa mucho agotamiento y prácticamente no tienen movimiento.

El primer paciente del experimento murió el 10 de abril de 1901, y tras fallecer la balanza perdió 21,2 gramos y fue así como nació el mito.

Sin embargo, los siguientes pacientes terminales perdieron diferentes cantidades de peso al morir, algunos 28,3 gramos, otros 14, y uno más perdió 14.17.

Como médico, MacDougall le atribuyó estos cambios de peso a diferentes factores como evaporación de humedad de la piel o la eliminación de deshechos, pero ninguna de estas teorías fue realmente convincente, ni siquiera la pérdida de aire en los pulmones.

“En el instante en que la vida cesaba, la bandeja de la escala opuesta caía con una rapidez asombrosa, como si algo se hubiera levantado repentinamente del cuerpo”, aseguró el doctor.

Tras estos hallazgos, el médico experimentó con 15 perros para ver si también perdían peso tras su muerte, pero no fue así. “Los resultados fueron uniformemente negativos, sin pérdida de peso al morir”.

Nadie ha confirmado o desmentido los hallazgos del doctor hasta entonces, pero ha servido de inspiración para muchas leyendas y hasta una película de Alejandro González Iñárritu.

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Pamela Rodríguez Ordaz

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