¿Cómo ayudar a tu hijo a comprender la igualdad y evitar el machismo?

Leilani Díaz

Los niños de esta década, son la generación del fin del silencio; de la creciente conciencia social y el rechazo a conductas como la discriminación y la misoginia. Porque perpetuar el machismo en nuestros hijos (aunque sean varones) también afecta en su desarrollo, oportunidades profesionales y hasta en sus posibilidades de ser felices en la vida.

¿O no resulta más “fácil” decirle a una niña que está bien llorar, bailar o demostrar amor?, ¿Cuántas veces se desalienta a los niños a hacer lo que quieren por considerar que “es cosa de niñas”?, ¿No se les exige ser rudos aún en contra de su personalidad tranquila?

Esto, queridos padres de familia, también es machismo. Por eso, y por la enorme urgencia de poner fin a la violencia de género en México, es importante dar a tu hijo las herramientas para evitar aprender todas esas conductas y pensamientos impuestos por el sistema patriarcal.

Lo más efectivo es, por supuesto, predicar con el ejemplo. Es decir, uno no puede enseñar con golpes a que no hagan bullying en la escuela, ¿cierto? Lo mismo ocurre con la violencia de género; si quieres evitar que tu pequeño levante faldas, acose, humille o maltrate a las niñas de su escuela, eso mismo debe aprender de ti.

No basta con decirles que son capaces de hacer todo lo que se propongan, hay que demostrarlo; desde un hogar sin estereotipos, en el que tanto mamá como papá compartan el cuidado de los hijos, la limpieza del hogar y hasta el cocinar la cena. Unos padres que se convierten en socios de vida, enseñan a sus hijos el respeto y que las responsabilidades se comparten sin distinción de género.

Pero además de poner el ejemplo, hay otros consejos que distintos psicólogos dan para la crianza de un hijo feminista, es decir, que sepa de respeto e igualdad.

Déjalo llorar

Los niños y las niñas lloran con la misma frecuencia cuando son pequeños; sin embargo, conforme crecen, los padres tienden a enseñarles que en los varones es aceptable sentir enojo, pero no tristeza o sensibilidad… ¡no les permiten ser humanos, para pronto!

Esto es un grave error que podría repercutir en su desarrollo emocional. Por eso, es recomendable enseñarle que tiene una gran gama de emociones que puede, y tiene que “sacar”, que es válido decir “tengo miedo”, “estoy triste” o “necesito ayuda”.

Las mamás imperfectas, son perfectas

Entendámoslo de una buena vez: ¡no existen las super mujeres! No nacimos con ocho brazos y rayos láser en los ojos para resolver el trabajo, los problemas de pareja, la limpieza del hogar, el cuidado de los hijos, y además, lucir un peinado de salón las 24 horas del día, 7 días a la semana.

Las mujeres también somos humanos, completamente imperfectas y sin necesidad de tener esa presión excesiva de mantener toooodo bajo control por ti misma. Si tú entiendes esto, tu pareja e hijos también lo comprenderán; involúcralos en las tareas del hogar y demás responsabilidades.

Y si no tienes pareja o una figura paterna para tus pequeños…

Los niños necesitan modelos a seguir, es cierto. Pero cuando no cuentan con una figura paterna, es posible ayudarlos haciendo que se rodeen de hombres buenos que puedan servir de ejemplo; ya sean tíos, amigos de la familia o sus abuelos.

También habla con ellos sobre los modelos femeninos ejemplares; mujeres exitosas en los deportes, política o la ciencia; esto los ayudará a respetar al género femenino por sus logros, no solo por su apariencia física.

Déjalo ser quien quiera ser

Nunca le digas a tu hijo “no seas nena” o “corres como niña”, pues este tipo de comentarios fomentan el machismo. Tiene varios años que el rosa dejó de ser un color para niña y el azul para niño; los roles de género están quedando atrás con el paso de los años.

Muchas veces alentamos a las niñas a ser futbolistas o doctoras, pero cuando un niño quiere dedicarse al ballet o a ser enfermeros, la realidad es que solemos invalidar sus deseos por “femeninos”. Lo mejor es que lo dejes ser feliz, que es lo único que importa.

 

Información de The New York Times.

 

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Escrito por
Leilani Díaz

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