“Necesito más ayuda”: Mujer harta de que su esposo no haga nada le escribe dura carta

Alejandra Chavarria

La sociedad poco a poco avanza y los roles en cuanto a la crianza ya solo competen a la mujer, sino también a los hombres tanto con los hijos y el hogar. Sin embargo, aún quedan personas que creen que sólo a las mujeres les corresponde todo lo relacionado con crianza y hogar. Por eso, ahora traemos una historia viral, la de una mujer harta de que su esposo no haga nada le escribe dura carta.

Tal es el caso de Celeste Erlach quien le escribió una carta a su marido ya que, no podía más ya que su pareja no la ayudaba para nada en ninguna labor y cuidado de sus hijos pequeños.

Celeste es una mujer de 35 años que es experta en temas de marketing y además es madre, sin embargo, todo se quebró en el momento que pidió ayuda para que el padre de sus hijos supervisara su bebé por un tiempo corto; sin embargo, la acción de su pareja ante esto fue devolver al bebé junto a ella cuando este lloraba.

esposo inconsciente

Esta mujer suplicó por apoyo a su pareja inconsciente | Fuente: Web

Dicho gesto provocó una gran molestia en Celeste quien no pudo obtener ayuda por solo un momento siendo que ella es la que pasa la mayor parte del tiempo con sus hijos.

El contexto por el que estos patrones se repiten constantemente es el de un ambiente completamente machista donde las mujeres se encargaban del cuidado de los hijos, el orden de su hogar y demás tareas. Por este tipo de entornos, las mujeres no logran un estado completo de felicidad al ser reprimidas y encasilladas en cómo deben actuar.

A raíz de esta carta, muchas mujeres se han puesto en contacto con Celeste para agradecerle todo lo que ha plasmado en su escrito, ya que, expresa todo lo que ellas no han podido expresar por miedo y todas aquellas experiencias machistas a lo largo de su vida.

¿Qué dice la carta de Celeste? La mujer harta de que su esposo no haga nada

“Querido marido, Necesito más ayuda. Anoche fue difícil para ti. Te pedí que vigilaras al bebé para que me pudiera ir pronto a la cama. El bebé estaba llorando. En realidad, estaba quejándose. Le podía escuchar desde la planta de arriba. Se me hizo un nudo en el estómago solo de escucharle, pensando si debía bajar y aliviarle o cerrar la puerta para conseguir las horas de sueño que necesitaba desesperadamente. Elegí lo segundo.

Tú entraste en la habitación 20 minutos después, con el bebé aún llorando frenéticamente. Pusiste al bebé en la cuna y, con cuidado, empujaste la cuna más cerca de mi lado de la cama, un claro gesto de que habías terminado de vigilarle. Quise gritarte. Quise empezar una pelea épica en ese mismo momento. Llevaba vigilando al bebé y al niño todo el maldito día. Lo mínimo que podías hacer era cuidarle un par de horas por la tarde para que intentase dormir.

Solo unas pocas horas de valioso sueño. ¿Es tanto pedir? Sé que los dos hemos visto a nuestros padres seguir los roles clásicos de madre y padre cuando crecimos. Nuestras madres eran las principales cuidadoras y nuestros padres estaban relativamente liberados. Eran padres excelentes, pero no se esperaba que pasaran tiempo cambiando pañales, alimentando y cuidando a los niños. Nuestras madres eran las supermujeres que mantenían la dinámica de la familia.

Cocinando, limpiando y criando a los niños. Cualquier ayuda del padre era bienvenida, pero inesperada.
Veo que estamos cayendo en esta dinámica familiar cada día más. Mi responsabilidad de alimentar a la familia, mantener la casa limpia y cuidar a los niños se da por hecha, incluso cuando llego de trabajar. Me culpo de la mayoría. He sentado el precedente de que puedo hacerlo y la verdad es que quiero hacerlo. No te ofendas, pero no estoy segura de que quiera saber qué pinta tendría una semana de cenas hechas por ti.

También veo a mis amigas y otras madres haciéndolo, y haciéndolo muy bien. Sé que tú también lo ves. Si ellas lo consiguen y nuestras madres también, ¿por qué yo no? No lo sé.
Quizá nuestros amigos están actuando en público y en realidad se pelean. Quizá nuestras madres sufrieron durante años en silencio y ahora, 30 años después, simplemente no recuerdan lo duro que era. O quizás, y esto es algo por lo que me reprendo a mí misma todos los días, no estoy cualificada para este trabajo como las demás. Y por mucho que me rebaje solo pensarlo, voy a decirlo: necesito más ayuda.

Un parte de mí siente que pedirlo es un fracaso. Lo que quiero decir es que sí ayudas. Eres un padre impresionante y haces un trabajo genial con los niños. Y, además, esto me debería salir solo, ¿verdad? Instinto maternal, ¿no? Pero soy un humana, estoy funcionando con cinco horas de sueño y estoy cansadísima. Te necesito.

Por las mañanas, necesito que prepares al mayor para que yo cuide del bebé, prepare comida para todos y tome una taza de café. Y no, preparar al mayor no significa colocarle delante de la televisión. Significa asegurarse de use el orinal, de que se tome el desayuno, comprobar si quiere agua y preparar su mochila para el colegio. Por la noche, necesito una hora para despresurizar en la cama sabiendo que el mayor está dormido en su habitación y tú estás cuidando al bebé. Sé que es difícil escuchar al bebé llorando. Créeme, lo sé. Pero si yo puedo vigilar y tranquilizar al bebé la mayor parte del día, tú puedes hacer una o dos horas por la noche. Por favor. Te necesito.

Los fines de semana necesito más descansos, momentos en los que pueda salir de casa por mi cuenta y sentirme como una persona. Aunque solo sea un paseo por el barrio o ir a hacer la compra. Y algunos días, cuando he organizado clases de natación y quedadas para que los niños jueguen y parece que tengo todo bajo control, necesito que me eches una mano. O proponerme que yo me tumbe mientras ellos se echan la siesta. O empezar a limpiar los platos sin que te lo tenga que pedir. Te necesito.

Últimamente, necesito escuchar que agradeces todo lo que hago. Quiero saber que te das cuenta de que la colada está hecha y una cena deliciosa ha sido preparada. Quiero saber que valoras que dé el pecho a todas horas y que la extraiga mediante bombeo mientras trabajo, cuando sería más fácil para mí darles leche artificial. Espero que te des cuenta de que nunca te pido que te quedes en casa cuando tienes algún partido. Como madre, está asumido que debo estar en casa a todas horas y siempre disponible para cuidar a los niños mientras estás fuera. Y sé que alimento esa idea estando, bueno, pues en casa.

Sé que no es como lo hicieron nuestros padres y odio pedirlo. Ojalá pudiera hacerlo todo y que parezca que no me cuesta ningún esfuerzo. Y ojalá no necesitase reconocimiento por hacer cosas que la mayoría de las personas piensan que debe hacer una madre. Pero estoy mostrando una bandera blanca y admitiendo que soy humana. Te estoy contando cuanto te necesito y si sigo a este ritmo me voy a romper. Y eso te haría daño a ti, a los niños y a nuestra familia.”
Si bien Celeste no se llegó a mostrar dicha carta a su esposo, se tuvo una charla sincera donde a partir de lo que decía la misma y algo cambió en el entorno de la pareja, su esposo comenzó a asumir sus responsabilidades y colaborar en el entorno de crianza y el hogar.”

La carta de Celeste nos muestra un acto de valentía al plasmar todo lo que le hacía sentir no tener el apoyo de su pareja para realizar tareas que les competen a ambos al ser su obligación.

Aspectos importantes han cambiado a través de los años, pero aún así, se debe seguir trabajando para dejar atrás los “roles de género”.

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Escrito por
Alejandra Chavarria

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